La banca de mi vida
Desde niño tenía una banca que
era muy bonita y pequeña como yo. No le daba mucha importancia como lo hago
ahora, solo recuerdo que invitaba a sentarse a quienes consideraba importante
para mí, y a veces les decía a mis padres que se movieran para hacerles más
espacio a mis amigos. Incluso llegue a pensar que mi hermano mayor debía salir
de mi banca para agregar a los amigos que conocía en el colegio. Mi madre
recomendó agrandar la banca, en vez de sacar a alguien de la banca, en especial
si era de la familia, quien siempre debía tener un lugar importante en mi
banca. Gracias a papá pude agrandarla un poco más, pero no tanto como quería.
Imaginaba tener una banca muy larga para sentar a todos los amigos que tuviera.
Sin embargo cuando se lo propuse a mis padres dijeron que mientras más larga
fuera más pesada seria y más vacía podría quedar. Al principio no lo entendí,
ya que solo pensaba en donde sentar a mis amigos. Cuando ya era adolescente conocí
a una joven que era especial para mí, al menos eso pensaba, la intente
impresionar de todas las maneras, pero parecía que aun lo que le daba era
insuficiente. Así que saqué a toda mi familia de la banca, y le dije que mi
banca era solo para ella. Ella decidió sentarse en la banca, lo que me hizo
sentir una gran alegría, sin embargo, sin darme cuenta ella se fue. La busque,
la esperé, no deje que nadie de mi familia o amigo se sentará allí. Pero ella
no aparecía, “mi banca estaba vacía, como yo”. Era lo que sentía día tras día.
Hasta que decidí irme con mi banca, a un lugar donde si me valorarán. Después
de un tiempo decidí volver, solo estaba mi familia para recibirme. Sorpresa me
dio el ver que cada uno de ellos, tenía reservado una parte de su banca para
cuando yo quisiera sentarme con ellos. En ese momento me di cuenta que ese
vacío, esa soledad, no se debía a que nadie estuviera a mi lado, solo que yo no
los consideraba para que lo estuvieran. Así que decidí dar vuelta la página y
poner en la banca a quienes realmente importan y me valoran en la vida. Gracias
a eso. Hoy en día, ya adulto, junto a mi amada compañera, le construyo a mi
hijo su propia banca para qué el decida a que persona importante y hermosa sentará
a su lado. En este momento solo ellos dos ocupan mi banca, lo que me hace
sentir muy alegre, pero no está la banca solo para ellos. Lamentablemente para
usted mi curioso lector, el resto de la banca está reservado para las personas
más maravillosas que ahora no pueden venir a sentarse conmigo, pero sin
importar cuanto demoren, siempre estará su lugar guardado en mi banca, de la
misma forma que yo lo estoy para ellos. Mi familia, quienes siempre estuvieron
y estarán para sentarse en mi banca.

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