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Mostrando entradas de junio, 2018

Aceptar la tormeta que viene a ti

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Hay veces que la tormenta llega, las gotas caen y empapan hasta nuestras raíces. ¿Qué puede hacer el árbol para resistirse a la lluvia, cuando lo que cae es tan suyo? Hay veces que debemos aceptar que este día no esté despejado, y la luz del sol no nos acompañara a cada rincón de nuestros intereses. Hay veces que llorar, es escuchar, que sentir tristeza es entenderse. No sé que pasara hoy o mañana, no sabemos cuándo lloverá, pero la entenderemos a medida que la aceptemos, como nuestra, como parte de nosotros. Y llorar no será solo de pena, no será solo de dolor, de adioses, de muertes, caídas, decepciones, sino de aprendizaje. Te extrañare, te recordare y te llevare conmigo hasta que ya no puede llevarme ni a mí mismo.

Ecos de angustia

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Hay una voz, un impulso que surge de golpe y busca que realice ciertas cosas. Pero cuando las realizo, debo pasar a otra y a otra, sin lograr un verdadero objetivo. Creo que eso se debe a que si voy y hago algo específico, sencillamente al terminarlo, me quedare sin poder hacer otra cosa y vendrá la gran pregunta ¿Qué hago ahora? Debido a que se produce una sensación de angustia o de insatisfacción. Realmente no estoy sintiéndome satisfecho o cómodo con lo que realizo, pero ahí está el truco. Hacer una infinidad de cosas sin terminarlas para no tener que nunca sentirse vació. Ayer en la noche, estaba satisfecho, pero necesitaba algo, consumir algo que me produjera placer antes de ir a la cama. Algo dulce, algo salado, pero que me produjera cierto placer. Después me cuestione a que se debía tal necesidad de hacerlo. No iba a morir, no iba a llorar, o sufrir realmente, pero una idea, un deseo surgió y creció hasta buscar algo que me calmara. Fue ahí que me di cuenta, que n...

La banca: una reflexión sobre el valor de la familia.

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  Desde niño tenía una banca que era muy bonita y pequeña como yo. No le daba mucha importancia como lo hago ahora, solo recuerdo que invitaba a sentarse a quienes consideraba importante para mí, y a veces les decía a mis padres que se movieran para hacerles más espacio a mis amigos. Incluso llegue a pensar que mi hermano mayor debía salir de mi banca para agregar a los amigos que conocía en el colegio. Mi madre recomendó agrandar la banca, en vez de sacar a alguien de la banca, en especial si era de la familia, quien siempre debía tener un lugar importante en mi banca. Gracias a papá pude agrandarla un poco más, pero no tanto como quería. Imaginaba tener una banca muy larga para sentar a todos los amigos que tuviera. Sin embargo cuando se lo propuse a mis padres dijeron que mientras más larga fuera más pesada seria y más vacía podría quedar. Al principio no lo entendí, ya que solo pensaba en donde sentar a mis amigos. Cuando ya era adolescente conocí a una joven que era e...